domingo, 24 de marzo de 2013

La casa del tren

 

Estaba empezando a llover cuando llegué esta tarde a Trasona. No es un lugar precisamente bonito pero es imposible no encontrar adorable un sitio cuando significa tanto para ti. Allí viven mis abuelos, muy cerca de la casa del tren, y allí pasé mis primeros tres años de vida, además de muchas vacaciones y muchísimos fines de semana.

Me he dado cuenta de que cada vez que recuerdo algo de mi infancia en la imagen siempre llueve y también, cómo una constante de mi vida es el profundo amor que profeso a todo lo relacionado con los trenes, porque me encanta viajar y porque, precisamente, desde que era muy pequeña siempre he imaginado que me van a llevar a lugares fantásticos, mientras contemplo un interminable trayecto de paisajes preciosos. Todos lo días, desde la cocina de la casa de mis abuelos, le decía adiós con la mano al tren cada vez que pasaba. 

Puede que no haya una vez más... pero hoy nos hemos vuelto a reunir todos en esa misma cocina. Y pase lo que pase, espero que la imagen de esta tarde me acompañe siempre, recordándome lo afortunada que he sido al recibir verdadero amor incondicional.

Esta entrada se la dedico a mi abuela Pura y a mi abuelo Victorio, por ese corazón enorme que tienen y por toda la dedicación y amor que me han dado.