viernes, 3 de febrero de 2012

Melancolía

Hacía mucho tiempo que no llevaba de emoción mis manos al pecho al final de una película. Me pasó hace poco con Melancholia, de Lars Von Trier. Y hace un par de días Eros pasaba cerca de la tierra sin peligro de colisión. Dicen que el 2012 es el final de nuestros males y bienes. Y a veces no quiero seguir leyendo el periódico, ni sabiendo nada de nada. Dicen que ojos que no ven, o leen, o saben, corazón que no siente.

Quien no quiera de la vida algo mejor no es melancólico, acabo de leer por casualidad en el blog de Juan Cruz (Amistad y Melancolía). Y es que sí, ha sido siempre una especie de extraña compañera que me acompaña cuando menos me lo espero y muy a menudo. Y me cae bien, porque me hace sentir una especie de felicidad y tristeza que a su manera reconforta.

Como aquella casa de un sueño hace muchos años y que recuerdo perfectamente.
La luz de Madrid entrando por una ventana, de una habitación que también recuerdo.
El mar Adriático aquel verano cuando era aún más joven y tenía tantos sueños.
Un pañuelo azul celeste.
Atravesar en autobús Castilla y ese atardecer.
Mirar hacia atrás y verme pletórica de felicidad sin motivo aparente.
Ahora...

Melancolía. En una de las primeras entradas en Google sale Historia de la depresión. Un poco más abajo tendencia a la tristeza permanente. ¿Cómo puedo encontrar placer entonces en ello? No es masoquismo, ni estoy deprimida, ni soy una infeliz permanente... simplemente creo que la vida puede ser mejor de lo que ahora vivimos. ¿No es eso un optimismo mucho más superior que el hecho de simplemente decir todo va a mejorar?

Yo veo lo que quiero ver, a mi modo, sea mejor o peor para quienes quieran verlo de una forma u otra. Si me falta disfrutarlo... puede que me falte, pero entonces dejaría de ser yo misma. Lo que quiero decir es que apreciar la tristeza momentánea no deja de tener algo de bonito.

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